Un meñique muy corto

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Man driving vintage Ford truck with large dog leaning out window in busy city traffic

Martín conducía su camioneta al cabo de una jornada agotadora, buscando alivio al sudor pegajoso por la ventanilla abierta. Era treinta de junio, musiquita en la radio, el perro de copiloto, vacaciones a la vista. Meneaba la cabeza al ritmo de la melodía, con la camisa desabrochada casi hasta el ombligo, tarareando de mala memoria la mitad de una canción e inventándose el resto sobre la marcha.

—¡Venga, Triski! Canta conmigo. La competencia es blanda, ¡no te saldrá peor que a mí!

Después de volver hacia él su hocico baboso, el mastín apoyó la cabeza en el salpicadero.

—¡Ay, Triski! ¡Qué aburrido te has quedado con los años!

Mientras la mano derecha llevaba el volante, la izquierda jugueteaba oponiendo resistencia al aire.

—¡Mira, Triski! Tengo una pelota en la mano, ¿la ves?

Martín se echó a reír.

—No, amigo mío, yo tampoco la veo. Pero fíjate en mi meñique. ¡Caray! Nunca lo había notado, pero tengo el meñique muy corto. ¿No te parece, Triski? Míralo bien, amigo, mira qué lejos quedan la punta del meñique y la del anular… ¿Será normal? ¿Qué opinas tú?

El perro empezó a ladrar alertando a su dueño. Con un frenazo brusco, la camioneta evitó por los pelos a un motorista. Martín se apeó corriendo.

—¿Estás bien, chaval?

El motorista se levantó del suelo y comenzó a sacudirse la cazadora de cuero.

—No soy ningún chaval —dijo quitándose el casco—. ¿Está loco? ¡Por poco me mata!

—Pero, chaval, si fuiste tú el que se me echó delante…

—Porque usted estaba indicando su clara intención de girar a la derecha.

—¿Quién? ¿Yo?

—¡Claro que sí! Estaba colocando el brazo en ángulo recto, así, ¿lo ve? ¿Acaso no lo hacía?

—Pero, hombre, eso lo hice porque me di cuenta de que tengo el meñique muy pequeño.

—¿Me toma el pelo?

—¿Yo? Para nada.

Un coche patrulla se detuvo junto a ellos.

—¿Qué está pasando? —dijo un agente.

—Este chiflado, ¡que casi me mata!

—Pero fue sin querer, hombre, «un malentendido» lo llamaría yo…

—¿Cómo ocurrió? —preguntó el agente bajándose del coche.

—Yo venía por allá en mi moto, dispuesto seguir de frente. Él me venía de la derecha pero indicando su clara intención de girar en el desvío anterior, así que seguí adelante pero, ¡sorpresa!, este señor nunca giró.

—Pero ¿cómo se le ocurre, caballero?

—Pues es que… no fue así exactamente.

—¿Y cómo, entonces?

—Ocurre que yo no pretendía indicar mi clara intención de girar ni de nada. Lo que pasa es que me di cuenta de que tengo el meñique muy corto.

—¿El meñique?

—Sí, señor, mire, fíjese…

—Contra, lleva usted razón, ¡sí que lo tiene corto! ¿Y en la otra mano también?

—¿En serio se van a poner a hablar de meñiques?

—Pues la otra mano, la verdad, no tuve tiempo de comprobarla porque el chaval se me plantó delante, pero ahora que la miro resulta que sí, en la derecha también es muy corto el meñique, oiga, ¿será normal?

—No sé yo, muy normal no me parece.

—¿Me toman los dos el pelo? ¡Este señor por poco me mata!

—Pero él no quería, hombre…

—Queriendo o sin querer, el caso es que hizo la señal y, por lo tanto, ¡fue culpa suya!

—Ahora que me fijo —dijo el agente—, yo también tengo el meñique un poco corto. No tanto como el suyo, pero corto al fin y al cabo. ¿Será una cuestión de genética?

—No sabría decirle. Mis padres fallecieron hace tiempo y jamás mencionaron el tema.

—¿Y nunca le llamaron la atención sus dedos?

—Ni mis propios dedos llamaron mi atención hasta hoy.

—Ya, es verdad…

—Pues oyéndolos hablar a ustedes de rarezas en las manos… Yo nunca lo había notado, pero tengo el dedo corazón un poco torcido, ¿no les parece? Miren, mírenlo bien.

—¡Cuidado, chaval! ¡Está usted faltando a la autoridad! Le ruego que se relaje.

—Pero si lo digo en serio, fíjese en mi dedo… Es más, ¡fíjese en los dos! ¿No son un poco raros? ¿Cómo no me había dado cuenta antes?

—Acompáñeme, caballero, está usted detenido.

—Pero ¿por qué? ¡Oiga, esto no es justo! ¿Por qué todos pueden tener los dedos raros menos yo?

—Bueno, señores, yo me marcho ya, que acabo de empezar mis vacaciones. Que tengan un buen día. ¡Tranquilo, Triski! ¡Ya voy!

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