Se agrieta el queso viejo y el plato que hay debajo,
la tierra del camino, la piel de los zapatos.
Se agrieta el entrecejo, las uñas y los labios,
se agrieta la pureza del cántaro de barro.
Se agrieta la memoria, se agrietan los enfados,
se agrietan los amores resecos y dejados.
Y si se agrieta todo, y si se agrieta tanto,
se agrietan estas líneas, ya se tán agriedo.

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